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Recuerdo a Don Juan Morales Morales

Juan Morales, soldado y poeta lorquino en Ibiza

 

Juan Morales

Manuel Morales García

A LOS DIEZ AÑOS DE TU PARTIDA.
Mañana hace 10 años que Juan Morales Morales, mi padre, partió hacia algún lugar, desde el que estoy seguro alumbra el camino de aquellos a los que tanto nos quiso. Nos dejó varias poesías que él escribía y enseñaba satisfecho a sus hijos, sus nueras, sus nietos, familiares y amigos. Muy poca gente ha podido leerlas fuera de ese círculo cercano. Por eso hoy, aprovechando esta maravillosa herramienta, que bien utilizada, son las redes sociales, me permito poner una de ellas: “El viaje de un recluta, 1944” en la seguridad de que él se sentiría orgulloso de que pueda ser leída por cientos de personas. Cada vez que leo estos versos me emociono, río y lloro. En esa larga mili de 30 meses: dos años y medio, que se dice pronto, aprendió a leer y a escribir, y probablemente descubrió que había otra vida más allá de “su campo” como él dice. Eso le llevó a tener la valentía de ser el primero de su familia en salir de aquel campo e ir en busca de una vida mejor para los suyos. Sirva esto como homenaje a un hombre de bien, que luchó toda su vida junto a nuestra madre, para que nosotros, sus hijos, tuviéramos la formación y cultura a las que él no tuvo acceso. Os ruego que tengáis la amabilidad de perder unos minutos en leer “El viaje de un recluta”, no os va a defraudar.
Nuestro padre, siempre en nuestro corazón.

Yo vivía en aquel campo
que es donde yo había nacío,
allí siempre trabajando
de allí nunca había salío.

Llegó el día de irme a la mili
y entonces dije: ¡ay Dios mío!
¡cómo me voy de mi campo
del que yo nunca he salío!

Me decían mis vecinos:
espabílate zagal
que a to el que va a la mili
allí le dan la quintá.

El día que me marché
salí por la madrugá
quince kilómetros andé
descalzo y sin almorzar.

Cuando yo al pueblo llegué
que era la primera vez
mirando pa to los sitios
embelesao me quedé.

Después de tanto mirar
y darme por satisfecho
pregunté por la estación
y me mandaron derecho.

Una vez que estuve allí
vi que muchos habían llegao
había algunos como yo
y otros más espabilaos.

Yo no hacía más que mirar
to eran cosas bonitas
y vi dos hierros tendíos
que se perdían de vista.

A uno que había al lao mío
le pregunté ¿eso qué es?
y me dijo tonto el pijo
eso es el camino del tren.

No estaba yo muy seguro
si aquel ya me había engañao
pero decía por si acaso
¡vaya un camino apaño!

Y seguimos allí esperando
yo y tos los demás
cuando estaba yo pensando
el tren hoy no vendrá.

Alguien dijo: el tren ya viene,
miramos tos al mismo lao
cuando vi aquello tan largo
en los dos hierros montao.

Yo me hice pa atrás
y dije subir no quiero
porque el tren de ahí se caerá
de ese camino de hierro.

Ya que estaban tos subíos
me dijo a mí un tío muy alto
pero es que tú no subes
y dije: no, yo me voy al campo.

Y el tío con buenas maneras
súbete que el tren se va
y yo pensaba pa mí
¿será esto la quinta?

Cuando el tren se paró en Murcia
y nos dicen: ¡abajar!
les pregunté yo a los otros
¿estamos en la mili ya?

Y me dice un enterao
calla piazo de animal
que a donde hemos llegao
es a nuestra Capital.

Vaya suerte que he tenío
yo que nunca he tenío na,
y ahora recién venío
ya tengo una Capital.

Y dijo aquel sabeor:
estás más atrasao que el rabo
porque Murcia no es que es tuya
sino que somos murcianos.

Y dije yo: ¡vaya plan!
con que ahora nos encontramos
no soy de Murcia ni na,
yo solo soy de mi campo.

Bueno, que seas de donde quieras
y ahora vamos andando
a la Caja de Reclutas
que allí nos están esperando.

Ya en el Cuartel de Garay
allí en el patio metíos
oí mi nombre completo
como nunca lo había oído.

Usted, al regimiento tal
Guarnición de Baleares
y pa mi la geografía
los higo negros y orales.

Dije yo: ¿eso ande está?
yo solo no sé ir allí
y dijo uno a mi lao
te ha tocao donde a mí.

Y yo lleno de alegría
iremos juntos los dos,
antes de que sea más tarde
cuando quieras vámonos.

Y me dice aquel muchacho:
¡qué poco sabes tú de esto!
si no vamos los dos solos,
somos más de cinco cientos.

Además nos acompañan
allá hasta nuestro destino,
vienen soldaos con nosotros
pa decirnos el camino.

Y allí se presentó un tío
de esos de gorra aplaná,
dijo: pasar por delante
pa cobrar el jornal.

Y a mí que ya me hacía falta
me puse de los primeros,
allí me dieron un duro,
que estaba feo de tan nuevo.

Y me quedé yo pensando,
mirándolo bien por todo
aunque estuvieras más viejo,
no debías venir solo.

Y alguien con su voz de mando
dijo: ¡señores atención!
a las once de la noche
estad tos en la estación.

y ahora podéis marcharos
para ver la capital,
salimos tos corriendo
tos juntos en bandá.

Y llegamos a unas calles
con las parés escorfás
allí solo se olía,
a humedad y a zotás.

Cuando vi yo que en las puertas
había mujeres asomás,
había rubias y morenas
y algunas a medio tapar.

Y decían: pasar pa dentro
el que queráis descansar,
pero yo dije no paso
por si me dais la quintá.

Mucho antes de las once
nos fuimos a la estación,
a to esto sin comer,
casi tos como yo.

Nos montamos en el tren
cuando la hora llegó,
y entre Murcia y Alicante
toa la noche se pasó.

Y arrodeaos de soldaos
salimos de la estación
y nos llevaron al muelle
que nos esperaba un arroz.

Yo me despaché muy pronto
porque como no había más,
pues me quedé lo mismico
que estaba al empezar.

Cuando nos dicen los soldaos.
vamos reclutas a embarcar,
cuando empiezan a subir
a aquello que parecía un pajar.

Cuando ya estaba yo subío
empiezo pa tos laos a mirar
y no veía yo el camino
que teníamos que tomar.

Y entonces a los compañeros
me acerqué y les pregunté
si el barco tenía camino
lo mismo que tiene el tren.

Y dijo el que había a mi lao
vaya que enterao estás
¿no sabes que el barco anda
por to el medio de la mar?

Pues sí que no lo sabía,
y tampoco sé nadar,
y si esto se va abajo
¿dónde me voy yo a agarrar?

Y en aquel mismo momento
pegó aquello una pitá
que el susto que yo llevé
tan solo atiné a llorar.

¡Ay madre mía de mi alma!
¡Ay Virgencica y Dios mío!
Qué lástima de mi campo,
pa qué me abré yo venío.

¿Es que ya te has mareao?
dijo un cabo que intervino,
cómo me iba a marear
si hemos comío sin vino.

Y así el cabo contestó
por cierto muy desabrío
¡vaya cacho de animal!
de dónde habrás tú salío.

Y entre sollozo y sollozo
dije con gran cortedad
yo he salío de mi campo
¿sabe usted mi General?

Allí tos se reían,
yo sin ganas de reír,
aunque poco, comprendía
que se reían de mí.

Miré pa arriba y pa abajo,
miré palante y pa atrás,
por arriba veía el cielo
y alrededor veía el mar.

Sumío en negros pensamientos
llegamos a desembarcar,
tos se ponían contentos,
yo no hacía más que llorar.

A otro día por la mañana
nos encontramos en un cuartel
donde yo pasé la mili
y muy bien que lo pasé.

Allí fue donde aprendí
a cosas que no sabía,
respeté y obedecí
y siempre con alegría.

Se pasaron treinta meses
y la licencia llegó
y un día aquel pobre recluta
a su campo regresó.

Un comentario para “Recuerdo a Don Juan Morales Morales”

  • isabel:

    gracias por compartir la poesia y vivencias de tu padre en la mili. me ha emocionado y mucho
    es entrañable.

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