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Explosión en cocheras

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EXPLOSION EN COCHERAS DEL II BON.

 

Voy a contar una anécdota que me ocurrió haciendo la mili que por ser tan verídica parece imposible.

Soy del  R-70/1º y, a consecuencia de mis estudios (soy maestro industrial) me destinaron a la Plana Mayor del 2º Batallón y de allí a cocheras a las órdenes del Tte. Ortiz como jefe, Sargento Torres de 2º jefe y Sargento Domingo de especialista. Cuando ascendí a Cabo me hice cargo de la oficina como Cabo de Mecánicos donde permanecí hasta que me licencié.

En cierta ocasión me dijo el Cte. Cuesta, Cte. Ayudante en aquélla época, que yo parecía el jefe de cocheras porque iba muy a menudo a su despacho pidiendo autorización para comprar  grasas, pinturas, recambios y lo que se presentara para mi dependencia, con esto quiero decir el grado de confianza y de responsabilidad que disfrutaba.

Tenía los willis, las dodges y los reos como una patena, eran piezas de museo pero todavía funcionaban (en aquel mismo año empezaron a llegar los Viasas diesel de Motor Iberica). En una ocasión fuimos de maniobras al Campo de Cartagena y no se nos averió ningún vehículo mientras que al I Batallón se le quedaron algunos incluso antes de llegar al Paretón en Totana. El Sgto. Manrique estaba para darle algo. Como anécdota comentaré, que cada vez que se cruzaba conmigo por el cuartel, me decía que me reclamaría para llevarme con él al primer Bón.

El mes de enero teníamos la revista general anual de vehículos, para quien no lo sepa, era una revista donde venían del parque regional de automóviles a inspeccionar los vehículos y material y el resultado de dicha revista figuraba en el libro de inspecciones del regimiento por lo que era muy importante para el Jefe de la Unidad que esa revista fuese favorable en todos los términos. Igual que la revista anual de armamento donde se ponían los cetme, subfusíles y pistolas en las camas brillando de limpios y que todos de una forma u otra hemos participado … por lo menos en la limpieza. Conozco a uno que le metieron dos días de prevención por tener el subfusíl asignado oxidado para la revista.

Pues bien, como la revista estaba próxima nos pusimos manos a la obra, pintamos  las petacas de combustible con la identificación del batallón en blanco (para que no se “perdieran” en las maniobras), las herramientas las metimos en gasolina (nos sobraba … los reos gastaban 1 litro al kilómetro) para desengrasarlas, los mangos de los martillos, alicates, pinzas … bueno, todo lo que tuviera por donde cogerlo lo pintamos de negro, el Cte. Cuesta estaba para darle algo pero cuando le decía que iba a ser la mejor revista que se había pasado en el regimiento se relajaba.

La revista estaba prevista para un lunes y el sábado anterior lo tenía todo preparado y listo para irme a casa pero antes quise limpiar la oficina y quitar del suelo las manchas que le habíamos echado con la grasa de las herramientas y, en aquélla época sabréis cómo se limpiaban los suelos de las compañías para pasar las revistas semanales … muy fácil, se echaba gasoil en el suelo y luego con una de las colchonetas de borra que había en la furrielería para ese menester, se subía uno encima y dos o tres tiraban de ella y dejaban el suelo reluciente, que brillaba y, por supuesto no había moscas …. no soportaban aquellas olores.

Así que como teníamos en el almacén de la oficina petacas de gasolina en reserva y, como era normal en esos casos, le pedí ayuda al plantón y limpiamos el suelo con gasolina que, a fuerza de frotar le quitamos las manchas y lo dejamos todo perfecto para la revista. Miré a mi alrededor y me sentí satisfecho del trabajo realizado. A media tarde le dije al plantón, al mecánico José Aznar y a otro soldado de nuestro equipo, de sentarnos y descansar un poco porque ya estaba todo terminado. Tal y como estaba sentado fui a enchufar la estufa que tenía, una de aquellas de alambres en espiral y, al hacerlo vi salir del enchufe una luz azulada que corría por el suelo y las paredes; Aznar, asustado, golpeo con los puños los cristales de la pequeña ventana, pues con la presión la puerta no abría y entonces, al coger oxigeno del exterior, la habitación pegó una explosión y se quedó todo encendido. Aznar, que tenia un buen peso, salió despedido por la ventana, a 1,50 m. de altura,  entonces se logró abrir la puerta y salimos todo chamuscados, sin cejas, sin pestañas, las manos quemadas y el uniforme echando humo, menos el soldado mecánico, recuerdo que era natural de Albacete, que permanecía como una estatua de mármol aún dentro de la oficina/almacén, que con un tirón lo saqué afuera; acto seguido reaccionamos bien porque instintivamente, Aznar y yo, cogimos los extintores y entramos sin ver apenas nada y apagamos el fuego. Gracias a Dios que las petacas no explosionaron sino no estaría contando esto.

Cuando me volví, me encuentro con el oficial de guardia y una patrulla con el armamento preparado, al Cte. Climent, que estaba de Jefe de Cuartel, que llegó descompuesto y dirigiéndose a mi (todavía me salía humo del pelo) me preguntó qué había pasado, escuetamente le conté lo sucedido y dirigiéndose al oficial de guardia le dijo: “Estos al calabozo y el lunes cuando venga el Coronel ya veremos”. En ese preciso momento se oyeron los toques del corneta de guardia anunciando la entrada del Coronel (más tarde me enteré de que el coronel era de Granada y que ese día se iba de fin de semana pero que cuando iba por la altura de “El Perla” oyó la explosión y se volvió pensando en lo peor, (una explosión de munición o un atentado terrorista).

El Cte. Climent mandó firmes y dio novedades de lo que había pasado y, lo primero que hizo el coronel fue preguntar por nosotros; al vernos como estábamos le dijo al Cte. “¿todavía no habéis llevado estos hombres al botiquín para que los reconozcan y puedan establecer el grado de las quemaduras?, ¡ahora mismo al botiquín! Que los reconozcan, si el pronóstico es leve que se marchen a su casa y el lunes hablaremos!”

El lunes a primera hora ya estaba allí y los de “obras” trabajando desde bien temprano, al verme el famoso Brigada Barroso, que era el subayudante, se dirigió hacia  mi y  pensé, “ahora me da un par de ostias” … me equivoqué, solo me dijo “de buena te has librado Cabo, mira”; (no recuerdo si me dijo Cabo o alguna palabra cariñosa de las que solía emplear), miré hacia donde me indicaba y vi el techo que había saltado, las vigas que lo sostenían parecían raíles de tren de vía estrecha y estaban combados ¡hacia arriba!.

No recuerdo si fue el Sgto. Torres o Domingo quien me dijo que el coronel me estaba esperando. Me presenté al Cte. Cuesta y tranquilizándome me hizo pasar al despacho donde me esperaba el coronel. Allí me dio una charla de moral y me felicitó por la labor que estaba realizando en cocheras y con la prontitud en que apagué el incendio (todavía no me explico como pude reaccionar de esa manera). Me dio un pase firmado por él mismo con quince días de permiso y me dijo “¡Ahora a montar la revista!”.

Bajé a cocheras, con mi papela bien agarrada, diciéndome a mi mismo “¿cómo voy a montar la revista si está todo hecho polvo?. Lo mismo que le dije al Tte. que me ordenó que lo hiciera como estaba previsto.

No digo lo que pensaba cuando montaba la herramienta ennegrecida por el humo y las petacas chamuscadas con las letras tan bonitas que le habíamos pintado ilegibles …. total, un desastre.

El coronel que representaba al Capitán General en la revista fue a ver mi “stand de fritos” y mi oficina y, claro,  se dio cuenta en los restos del material, el interés, cariño, diligencia y buen hacer con que lo había preparado todo. Aquello no fue impedimento para firmar el libro de revistas favorablemente y para felicitar a mi coronel por el personal que tenía a sus órdenes en el cual me incluyo.

José Antonio Carrillo Torroglosa

3 comentarios para “Explosión en cocheras”

  • Jacobo Ortega:

    Bonita historia:

    Rezuma amor al servicio, cariño por el regimiento, por el tiempo que se pasaba en filas, sintiéndolo no como tiempo perdido, como luego estuvo de moda decir, sino como un tiempo en que se servía a la Patria, a lo que más querías y te importaba.

    Así me sentía yo también en mi servicio en la fragata Andalucia, allá por el ya lejano 1994.

    Un abrazo a todos

  • Obus del 120 en el campo norte, esa fue la entrada de mi informe de patrulla un dia que a mi compañia le tocó RETEN, recuerdo que yo era cabo, y me tocó patrulla con 2 voluntarios de Totana ( MAQUINAS ) :-D Y como recordareis a los arrestados en el TUBO les hacian cabar en el terraplen detras de las cocinas para aplanar el campo norte, uno de ellos era de mi cia, conocido como FATIGAS, me llamaron y cual no seria mi sorpresa al ver que habian desenterrado un obus de gran calibre, yo le calculé unos 120 mm, y unos 50 cms de largo, a saber de que tiempo era aquello, estaba enterrado en su dia hasta unos 2 metros, por lo que calculamos que faltaba de tierra en aquella parte, avisamos a los artificieros, se lo yevaron al campo de Carraclaca donde le adosaron un petardo y lo hicieron explosionar, despues supimos que la carga no estalló, estaria estropeada por la humedad. Pero…¿quien lo sabia hasta que no se probara?

  • Sargento Domingo:

    Doy fe que cuanto dice el antiguo Cabo de Cocheras Sr. Carrillo, se ajusta a la realidad. Puedo añadir que pasamos del susto a la incredulidad y luego a la alegría , pasando por la inseguridad de ver como se lo tomaría nuestro Coronel. Afortunadamente no tuvimos que lamentar lesiones personales si exceptuamos pequeños arañazos, el pelo chumascado y un susto que a buen seguro tardaría bastante tiempo en olvidárseles, solo hubo daños materiales consistentes en levantamiento de escayola ( fruto de la explosión ), pintura y poco mas tanto en la propia oficina, como en otra adyacente que utilizábamos como almacén de herramientas y otros.

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