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Pruebas Físicas Mandos

 

R.I. La Desgracia nº 13

.

Mando   s/ref 13/13 13-10-00

.

ASUNTO:

.

Dar parte a la autoridad

de la gran calamidad

ocurrida al Regimiento

al hacer entrenamiento.

.

De acuerdo con lo ordenado

en el escrito citado

arriba en la referencia,

le comunico a Vuecencia

las novedades habidas

en las pruebas de atletismo,

dirigidas por mi mismo,

según normas recibidas

de su Cuartel General

por el cauce habitual.

.

A las diez de la mañana

del día ya señalado

todos los mandos formados,

y yo al frente de mi plana,

emprendimos el camino

hacia un terreno vecino

que reúne condiciones

para hacer exhibiciones

de una manera discreta

y un poco de tapadillo,

pues no encuentro natural

el que un jefe u oficial

se ponga una camiseta,

zapatillas, calzoncillos,

y quede con esa ropa

a la vista de la tropa.

Por supuesto, se cumplió

a rajatabla la nota

por la cual se me prohibió

hacer deporte en pelota.

.

Aquel día yo mandaba,

si el estadillo no miente,

un alférez, diez tenientes,

veinticuatro capitanes,

un doctor, dos capellanes,

diecinueve comandantes,

un teniente practicante,

seis tenientes coroneles,

además de dos furrieles

que tenían las misiones

de llevar las provisiones,

el vino y los alimentos

para mantener contentos

a todos mis campeones,

pues siempre en mí es norma

el que para mantenerse en forma

y llegar a ser atleta

es cosa muy conveniente

el mantener una dieta

copiosa, pero prudente.

.

Una vez aleccionados

los mandos ya reseñados,

pusiéronse en movimiento

y fueron entusiasmados

a los puestos reseñados

en la orden del Regimiento.

.

Un teniente coronel

hizo la prueba primera

dando una corta carrera

y luego un salto espantoso,

para caer en el foso;

más falló la puntería

y calló de una manera

tan mala y poco certera

que de lejos se veía

que aquel salto lastimero

era un salto postrero.

En mi vida militar

yo jamás he visto nada

que se pueda comparar

a la horrible bofetada

que se dio al aterrizar.

Como sería la cosa

que yo mismo, sin dudar,

hice del foso una fosa

y allí le mandé enterrar,

a la vez que un capellán,

en altar improvisado,

bendijo con gran afán

los restos del desgraciado.

.

Finalizado el oficio

que en honor del jefe aquel,

que teniente coronel

murió en acto de servicio

al intentar, sin remedio,

saltar tres metros y medio;

hasta mí se me acercaron

sus restantes compañeros

y de mi solicitaron,

con un gesto noble y fiero,

efectuar lo intentado

por su colega finado.

.

Lo consideré oportuno,

más decisión desgraciada,

pues aquellos camaradas,

uno a uno,

brinco a brinco,

se me escoñaron los cinco.

y este ilustre Regimiento,

que data de mil quinientos,

que al turco produjo espanto

en la lucha de Lepanto,

y que en el sitio de Breda

ganó múltiples laureles,

en un momento se queda

sin tenientes coroneles.

..

Al punto, los comandantes

dieron un paso adelante,

ofreciendo sus servicios

por cualquier sacrificio.

más viendo lo peligroso

que resultaba aquel foso,

ordené rápidamente

hacer la prueba siguiente.

si la anterior decisión

desgraciada resultó,

no se imagina Vuecencia

el desastre que ocurrió

en la prueba de potencia.

.

Yo mismo di la salida;

jamás lo hiciera en la vida

pues a la voz : ¡ Preparados ¡

cayeron dos desmayados.

cuando di la voz de ¡ Listos ¡

le juro que nunca he visto

una cosa similar,

ya que los participantes,

todos ellos comandantes,

se pusieron a temblar

y a temblar de una manera

que al oir la voz de ¡ Ya ¡

y comenzar la carrera,

pocos metros más allá

de la línea de partida

cuatro quedaron sin vida,

de una forma fulminante.

..

Del resto de los atletas

no creo preciso hablar

pues ya se puede imaginar

que ni uno llegó a la meta.

Yo, viendo el desastre aquél

firmemente reaccioné

como debe un coronel

y escuetamente ordené:

“ Todos los supervivientes

hagan la prueba siguiente “.

.

Esa orden fue fatal,

pues al cabo de un momento

sólo se oían lamentos,

resoplidos angustiosos

y estertores quejumbrosos,

dados por el personal

que colgado de un madero,

cual tienda de carnicero,

con las manos desolladas,

las caras desencajadas,

los ojos desorbitados

y el corazón angustiado

quería, con todo empeño,

subir al maldito leño.

Con el peso, finalmente,

la barra, sobrecargada,

cayó al suelo de repente

y la mitad de mi gente

quedó allí sepultada.

Queriendo finalizar

todo aquello como fuera

ordené realizar

la prueba que nos quedaba,

y allí, de cualquier manera,

todo el personal saltaba

con gran esfuerzo y gran gana

brincando como una rana

sin dirección ni concierto

ni ninguna autoridad

y el que no quedó allí muerto

fue pura casualidad.

.

¡ La que allí se pudo armar ¡

se organizó tal cipote

que incluso los sacerdotes

se pusieron a saltar.

Los huesos se destrozaban,

las vértebras rechinaban,

mientras que los que saltaban

a los caídos pisaban,

a la vez que estos aullaban,

gritaban y blasfemaban.

Y por fin, gracias a Dios,

se acabó aquel victimario,

ya que según el horario,

en cuanto dieron las dos,

tocó el corneta fajina.

Los vivos, con disciplina,

dejaron de quejarse,

más, quitados dos y yo,

ninguno lo consiguió.

.

Los muertos sí que cumplieron:

ni siquiera se movieron.

Quise los muertos contar

para poder parte dar,

más no pude realizar

tarea tan sobrehumana

y lo que hice fue restar,

a los que en pie se pusieron

de todos los que salieron

del Cuartel por la mañana.

Y el resultado fue cierto,

pues, descontados los muertos,

del alarde deportivo,

sólo quedaron dos vivos

que llevando al coronel

grandes esfuerzos hicieron,

llegando como pudieron

a la puerta del Cuartel.

.

Puede Vuecencia observar

que el parte lo escribo a mano,

el único órgano sano

que he podido conservar.

Y sólo la mano izquierda,

pues toda mi anatomía

se ha convertido hoy en día

en una asquerosa mierda.

Tengo un brazo destrozado,

el otro paralizado,

siete costillas partidas,

otras cuatro medio hundidas,

agrietado el esternón,

en una pierna un tirón,

en la otra dos roturas,

en el bazo una fisura

y desgarrado un riñón.

Por la parte de detrás

la cosa ha llegado a más,

pues sepa mi general

que no hay ni una cervical

que se encuentre en buen estado,

y que tan sólo ha quedado

una vértebra lumbar

que me pueda funcionar.

.

En resumen Excelencia,

se acabó mi Regimiento

y temo no quede nada

del resto de la brigada,

por lo que ruego a Vuecencia

que dé su consentimiento

y me ordene cómo y cuándo

haré entrega del mando,

pues considero enojoso,

de gran responsabilidad

y altamente peligroso

el mandar una unidad

si continúan vigentes

las órdenes concernientes

a las pruebas exigidas

y deportivas llamadas,

pues parecen calculadas

para futuros suicidas.

.

Hospital Militar de la

XIII Región Militar.

.

Firmado: Federico Olaberría

Y González de la Lasia.

Coronel de Infantería

Caído en Acto de Gimnasia.

————————————

Coronel de Caballería D. Miguel Jiménez Rioja

 

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